Ámbito familiar. El contexto familiar tiene una fundamental e indudable importancia en el aprendizaje de las formas de relación interpersonal. Así la estructura y dinámica de la familia, los estilos educativos de padres y madres, las relaciones con los hermanos, son aspectos fundamentales que hay que tener en cuenta ya que pueden convertirse bien en factores de riesgo para que los niños se conviertan en agresores o víctimas en sus relaciones con los iguales.
Dentro de estos factores encontramos:
Las relaciones que se establecen entre los adultos de la familia, los conflictos y su frecuencia, las discusiones entre los padres y si están presentes los hijos o no.
El uso y tiempo que se hace de la televisión y de algunos programas que en cierto grado elevan el nivel de agresividad en los niños que los ven.
La presencia de padres alcohólicos…
Conjuntamente con todo estos la actitud emotiva de los padres o de la persona a cargo del niño, el grado de permisividad de los padres ante la conducta agresiva del niño, métodos de afirmación de la autoridad.
Ámbito social. Existen otros factores sociales y culturales implicados en el fenómeno cuyo conocimiento permite la comprensión del mismo en toda su complejidad.
Los medios de comunicación especialmente la televisión, se ha convertido en un contexto educativo informal de enorme importancia en el desarrollo del aprendizaje de los niños. También los recursos comunitarios, tales como los servicios sociales, jurídicos o policiales tienen un papel importante en la prevención del abuso.
La violencia como herramienta de uso corriente en los medios, genera un clima de tensión estructural que ayuda al mantenimiento de los modelos de conducta agresiva.
Ámbito personal. Las características personales de ciertos sujetos pueden ser factores de riesgo par que en determinadas condiciones los agresores se comporten de forma violenta con sus compañeros.
Estas características como la agresividad, la falta de control, aprendizaje de conductas para explicar en los primeros años de la vida, se han utilizado frecuentemente para explicar el fenómeno Bullying, pero no pueden aceptarse como única del maltrato.
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