Las empresas son responsables de la protección de la SST de su personal mientras estén trabajando. Deben asegurarse de que el lugar de trabajo esté libre de cualquier peligro que pueda dañarlos física o psicológicamente e, incluso, causar su muerte. La COVID-19 generó un nuevo peligro en el lugar de trabajo que, sin duda, representa una fuente significativa de tensión. En este contexto, los principales desafíos en el medio laboral estarían relacionados con controlar la propagación del virus, con proteger del contagio a las personas trabajadoras y con fortalecer una cultura preventiva que refuerce la importancia de respetar las medidas de prevención implementadas en el lugar de trabajo.
El avance de la vacunación mermó, en parte, estas preocupaciones, pero puso el foco sobre otras amenazas para la salud para las que no hay vacuna conocida. De hecho, la situación extrema de la pandemia introdujo nuevos desafíos que implican lidiar con aspectos de la salud que tienen consecuencias más graves para las personas empleadas, como el abuso de sustancias, la depresión o la ideación suicida. Además, la investigación sobre otras catástrofes y emergencias muestra que los problemas de salud mental pueden permanecer mucho tiempo después de la finalización de la crisis que los originó.
El riesgo de adicciones es un aspecto de la salud y del bienestar que necesita especial atención. Aunque es bien sabido que los eventos traumáticos pueden precipitar cambios sociales en conductas adictivas como el consumo de tabaco, alcohol o cannabis, la pandemia de la COVID-19 es particularmente preocupante porque el desempleo masivo y el período de confinamiento estricto pudieron desencadenar o exacerbar los trastornos por consumo y abuso de sustancias. En este sentido, los programas de ayuda a la persona empleada demostraron ser particularmente eficaces en otras crisis.
Por su parte, los programas de PST pueden complementar a las intervenciones más tradicionales, centradas en la seguridad y en la prevención de daños, cambiando el foco hacia el diseño de espacios de trabajo saludables. El lugar de trabajo es un excelente entorno para mejorar la salud, porque las personas trabajadoras pasan allí una parte sustancial de su tiempo diario. Además, las empresas no solo son responsables de proporcionar un lugar de trabajo seguro y libre de peligros, sino que también tienen la oportunidad de promover y fomentar un ambiente de trabajo saludable que, a largo plazo, resulta excepcionalmente beneficioso. Las políticas organizacionales de PST permiten mejorar la salud y el bienestar laboral de las personas trabajadoras, yendo más allá del mero cumplimiento de los requerimientos legales en materia de SST. La PST significa también que las empresas contribuyen de manera activa a la mejora de la salud y del bienestar general de su personal. En este proceso, es esencial implicar al cuadro de personal y tener en cuenta sus necesidades y sus puntos de vista con respecto a los métodos de organización del trabajo y del centro de trabajo. El futuro de las empresas depende, en gran medida, de que su personal esté bien preparado, motivado y saludable.
La PST puede jugar un papel importante en la preparación y equipamiento de las personas trabajadoras y de las organizaciones para afrontar estos cambios. Algunas de estas iniciativas incluyen actividades de formación e información sobre la salud, de promoción de la actividad física, de bienestar emocional, o se centran en la dieta y en la alimentación saludable, entre muchas otras. Además, la Psicología del Trabajo y de las Organizaciones recoge múltiples ejemplos sobre cómo iniciar y después mantener el
cambio en los comportamientos relacionados con la salud.
Dentro del ámbito de la normalización, la norma UNE-ISO/ PAS 45005:2020 ofreció orientación para incorporar las mejores prácticas en materia de salud, seguridad y bien estar en el trabajo durante la COVID-19. Del mismo modo, para gestionar los riesgos para la salud y el bienestar psicológicos relacionados con la COVID-19 sugiere diferentes medidas preventivas como, por ejemplo, promover una cultura de confianza, cuidado y apoyo, reconociendo que las personas trabajadoras experimentan diferentes problemas individuales y que las tensiones o preocupaciones detectadas deben ser respetadas
u ofrecer recursos adicionales para ayudar al personal para que gestionen su propia salud psicológica y bienestar. En las series ISO 45003 e ISO 10075 se proporciona orientación adicional sobre la gestión de la salud psicológica. Una gestión idónea de los factores de riesgo psicosocial, así como una intervención psicosocial con medidas preventivas específicas diseñadas de forma integral, puede reducir la tensión y mejorar el bienestar durante este momento difícil y, junto con una evaluación cuidadosa, puede servir como modelo para una respuesta eficaz en beneficio de la salud laboral. Como punto de partida pueden considerarse conjuntamente los tres niveles clásicos de la intervención preventiva. Las estrategias de prevención primaria ponen el foco en las condiciones de trabajo que causan la situación de tensión. Reducir la carga de traba jo durante una pandemia puede no ser una opción viable, especialmente en algunos trabajos, pero puede ser posible para otras ocupaciones. Además, cabe la posibilidad de enfocarse en otros factores de riesgo psicosocial o agentes de estrés como, por ejemplo, la falta de control o la autonomía percibida. Mientras que las estrategias de prevención primaria apuntan a elementos del entorno laboral, las estrategias de prevención secundaria se centran en ayudar a las personas ya expuestas. Están diseñadas para ayudar al personal a manejar mejor su respuesta al estrés. Por ejemplo, el entrenamiento en mindfulness puede con tribuir eficazmente a reducir la tensión y la ansiedad. Finalmente, para aquellas personas trabajadoras que ya están experimentando una tensión significativa y que su fren problemas de salud física y mental, son necesarias estrategias terciarias como los recursos para proteger la salud mental alojados en la Intranet o en los tablones de la empresa, los programas de ayuda a la persona empleada o los servicios de teleasistencia psicológica para gestionar
el duelo y el trauma.
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