Bulo sobre la pechuga de pavo


Quimiofobia (miedo a la química) es una aversión irracional o prejuicio contra sustancias químicas o la química en general.​​ El fenómeno se ha atribuido tanto a una razonable preocupación sobre los posibles efectos adversos de los productos químicos sintéticos según wp, como a un miedo irracional a estas sustancias, debido a conceptos erróneos acerca de su potencial de daño.​​​

Seamos claros: ni el jamón de York (que no existe como tal) ni la pechuga de pavo son alimentos que debamos incluir en nuestra dieta con frecuencia, pese al halo saludable que los ha envuelto tradicionalmente. Se trata de carnes procesadas que la industria, muy hábilmente, ha sabido vendernos como mejores de lo que realmente son. Ahora, eso no quiere decir que sean alimentos cuya seguridad no esté garantizada a través de estrictos controles de calidad antes de llegar a las estanterías de nuestros supermercados, según recoge el autor original de este artículo José Andrés Gómez en El Español y comparte Francisco Lorenson para Periodista Digital.

En los últimos meses, se ha extendido un bulo por las redes sociales en el que se señala que la pechuga de pavo de Mercadona (comercializada a través de su marca blanca Hacendado) contiene algunos aditivos, como el E-407 (conocido como carragenina) o el nitrito de sodio (E-250), sumamente dañinos para nuestro organismo. La publicación, que juega directamente con la quimiofobia y el desconocimiento generalizado que existe en la población sobre los aditivos, es un cóctel perfecto para causar alarma y viralizarse. De hecho, el post ha sido compartido más de 19.000 veces en Facebook en apenas dos meses.

De la carragenina, un espesante natural ampliamente utilizado en la industria, se dice que puede ser cancerígeno («aumentar el riesgo de tumores de colon y recto»), producir alteraciones inmunológicas, problemas de hígado o úlceras de estómago. Así, del nitrito sódico, además de advertir sobre su potencial carcinógeno, se señala que «inhibe el transporte de oxígeno», que puede provocar problemas respiratorios, además de aumentar el riesgo de diabetes tipo 1. ¿Qué hay de cierto en todo esto?

 Lo cierto es que los aditivos, pese al importante papel que juegan a la hora de aumentar la vida útil de un alimento, potenciar su color o realzar su sabor, siempre han estado en el punto de mira. No es nada nuevo. Sin embargo, según todos los expertos, se trata de componentes que son seguros. De hecho, para que la utilización de estas sustancias sea admitida, debe garantizarse que no existe ningún problema para la salud a través de distintos estudios científicos.

Hay medidas establecidas para ello como la IDA (ingesta diaria admisible), que se implementa exclusivamente en aquellos que podrían presentar problemas de salud si fuesen ingeridos en grandísimas dosis y que, tal y como explicó en otro artículo de EL ESPAÑOL el tecnólogo de los alimentos Mario Sánchez, «no se alcanzan ni de lejos con el consumo habitual».

A tope de ‘quimiofobia’
Pero vayamos al meollo de la cuestión. ¿Es la carragenina un aditivo seguro? Lo es. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) reevaluó la seguridad del espesante el año pasado y concluyó que «no se han detectado efectos adversos en estudios de toxicidad crónica en ratas de hasta 7,5 mg/kg por día, la dosis más alta probada» y que «no hubo preocupación con respecto a la carcinogenicidad del carrageno». De hecho, tal y como explicó Beatriz Robles, especialista en seguridad alimentaria, en declaraciones a La Vanguardia, se trata de un aditivo sobre el que «nunca se ha generado polémica más allá de la aversión que produce el nombre».

El tema de los nitritos es mucho más complejo. Estos aditivos son utilizados en las carnes procesadas como el pavo o el jamón de York ya que no sólo son capaces de favorecer el color rosa que presentan cuando los encontramos en el supermercado, sino que ayudan a su conservación e impiden que proliferen ciertas bacterias que podrían afectar a nuestra salud. Las más populares son la Clostridium botulinum, responsable del botulismo, o la Listeria, microorganismo tras la listeriosis.

La cosa es que los nitratos y los nitritos no están sólo presentes en las carnes procesadas o en los pescados, sino que también se encuentran en frutas y verduras, que los adquieren a través de los microorganismos del suelo o los fertilizantes. Y efectivamente, es cierto que un consumo elevado de nitritos puede llegar a provocar que en nuestro cuerpo se desarrollen las nitrosaminas, unos compuestos químicos que son carcinógenos. Sin embargo, tal y como apuntó Miguel Ángel Lurueña, doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos, la EFSA también reevaluó la peligrosidad de los nitritos hace un par de años y concluyó que eran seguros a los niveles a los que estamos expuestos.

Así, lo que conviene tener claro es que el hecho de que un determinado producto esté elaborado con un aditivo u otro, no lo convierte en poco fiable desde el punto de vista sanitario sanitario. Salvo lamentables excepciones, como la que tuvo lugar con el brote de listeriosis originado en Sevilla el pasado mes, todos los productos del supermercado son seguros. Eso sí, conviene fijarse en la lista de ingredientes de cada uno de ellos para saber realmente con qué están elaborados. El conjunto de ellos nos dirá si estamos ante un producto saludable y recomendable para nuestra dieta o no.

 

Periodista digital

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